Lima, última parada

Sábado 7 de abril

Nos despertamos, recogemos nuestras maletas y PAM! al aeropuerto de Cuzco. Nos espera Lima, capital del Perú. Será la última vez  en todo el viaje que estemos a tanta altura. Luce un día precioso y tenemos tiempo, nos sentamos un rato al sol a recordar los grandes momentos del viaje.

Una hora y pico después aterrizamos en Lima. Recogemos las bolsas y agarramos un taxi. Nuestro conductor, muy simpático, nos cuenta cosas de la ciudad mientras se enzarza en un intenso debate sobre los escritores peruanos con Inés a.k.a Phoebe. Tras recorrer en taxi la media hora que separa el aeropuerto del barrio de Miraflores llegamos a casa de Lucas y Silvia. Lucas es el informático de la oficina de Lima, un gran tipo, gallego bonachón y siempre alegre. Como en esas fechas se encontraban en Argentina nos habían dejado las llaves de su casa. Muchas gracias a lo dos!!!

Así pues, y tras aposentar las cosas y dar de beber a los pájaros nos vamos a patear la ciudad.  Comienza nuestro particular “Lima Express” o como decía la guía que nos hizo Lucas, “24 horas en Lima”.

Comenzamos por el barrio de Miraflores, el camino de la costa y terminamos comiendo en un restaurante peruano. El pezón, gran comida, ceviche, pulpo, etc. típico, típico.

Me llama mucho la atención el clima de la ciudad, hay siempre una neblina, como nubes y no nubes, es como si  alguien le hubiera puesto un filtro a la ciudad, entre el cielo y la tierra. Las nubes no tapan el sol, pero tampoco dejan ver el cielo azul como en un día de verano.  Es como si Lima estuviera triste, pero a la vez contenta, Lima es una mezcla de contrastes, como el mar y la tierra.

Combi

“Arequipaaaaaa!!!! Tacnaaaaaaaaaa!!!!!”. Nos montamos en una combi y nos dirigimos hacia el centro de Lima, a unos 40 minutos. Las combis son furgonetillas, que hacen las funciones de taxi-bus con un recorrido más o menos fijo. Hay un “cobrero” en la puerta de la furgoneta que no para de gritar el destino hacia el que se dirige, tu la paras por la calle y te subes corriendo. Una vez dentro convives con todo tipo de fauna local mientras el conductor va haciendo rallie por las calles de la ciudad. El “cobrero” me ve pinta de español y me pregunta por el futbol, Mourinho y los toros. Nos recomienda tener mucho cuidado con las cámaras y los bolsos, en el centro de Lima hay mucho mangante nos dice.

El centro es muy típico, recuerdos de la España colonial, edificios que en su día fueron la envidia de la época pero que el paso del tiempo y la desidia los han hecho desmerecer. Me recordaba bastante al DF, con sus calles anchas abarrotadas de gente, su plaza de armas, el palacio presidencial, la catedral…
Seguimos caminando hasta llegar al parque de la muralla, donde vemos una panorámica de otros barrios de Lima y descansamos un rato del incesante calor.

Plaza de armas de Lima

Hasta el momento la sensación que tenía de Lima era un poco confusa, me parecía una ciudad caótica, un estilo light de México DF, pero sin ningún encanto destacable que la hiciera atractiva de visitar. Me pareció que los españoles no podían haber elegido un peor lugar para fundar una ciudad. Es cierto que tiene mar, pero la ciudad se encuentra unos cuantos metros por encima, en una especia de mesetilla que hace que la ciudad termine abruptamente en unos feos acantilados de tierra. No sé, creo que Lima o te encanta o no te gusta, es una ciudad muy particular.

Continuamos nuestra ruta y fuimos en taxi hasta Polvos azules, el mercado turista más típico de Lima. En él pudimos comprobar que allí no rige  ley alguna. CDs piratas, copias de juegos, teléfonos móviles, camisetas de imitación de todo tipo, etc.  todo ello en un mercado español al uso, subterráneo, lleno de puestecitos y de tiendas.

No anduvimos mucho por la zona, pues no era la mejor para quedarse paseando, así que convencimos a un taxista loco para que nos llevara hasta Barranco.

Barranco es el barrio más bohemio de la ciudad, los edificios cambian, las callejuelas empedradas, el ambiente… hasta parece que la costa es diferente. Un sitio precioso, en el que se baila un ritmo diferente al del resto de Lima. Paseamos durante un rato, vimos la puesta de sol desde un mirador, tomamos unos cuantos piscos y cenamos un anticucho buenísimo en el Mario. Realmente lo que más me gustó de Lima, un diez para Barranco!

Puesta de sol desde el mirador de Barranco

Tras finalizar la noche con un poco de música y un mucho más de pisco regresamos a casa, al día siguiente teníamos planeada una clase de surf por la mañana.

Domingo 8 de abril

Nos levantamos tempranísimo, pero no conseguimos contactar con el tío que nos iba a dar la clase, total que aprovechamos para dormir un poco más y dar una vuelta por la zona. Acabamos comiendo unos sangüches en “La lucha”, realmente buenísimos, si por una cosa destaca Lima es sin duda por su comida.

Carrera al aeropuerto, últimos momentos en Perú. Mirando por la ventanilla del taxi empiezo a recordar todo el viaje desde que comenzamos  en La Paz, parece que ha sido hace semanas y  ahora  estamos aquí, a punto de regresar a casa.

Me vienen a la mente buenos momentos y muchas risas, embarco en el avión con la sensación de haber dejado mucho por visitar, pero estoy seguro de que volveré, estoy seguro de que quiero viajar y conocer mundo, estoy seguro de que hasta que no pueda más y me queden ganas disfrutaré viajando como si fuera la primera vez.

Como dice Javier Reverte:  “El mejor viaje siempre es el próximo”  🙂

Cuzco

Jueves 5 de abril

A media mañana tomamos el tren de vuelta hacia Ollantaytambo. Esta vez, al hacerlo de día pudimos contemplar las vistas y el recorrido del tren por la garganta del río. El trayecto resultó espectacular, pues el tren avanza por el valle siguiendo el curso del Urubamba hasta llegar a Ollanta, lugar desde el que se puede llegar a Cuzco en taxi o en autobús.

Plaza de armas de Cuzco

Tras llegar a Cuzco y dejar nuestras cosas en el hostal nos fuimos a recorrer la ciudad. Primero nos dirigimos a la plaza de armas, en ella se encuentran la catedral y la iglesia de la compañía. En días pasados Cuzco fue la capital del imperio inca y su sello arquitectónico está impreso en cada rincón de la ciudad. Las piedras, los cimientos y muchas partes de las construcciones se siguen conservando desde aquélla época, aunque la gran mayoría de ellas fueron semidestruidas para levantar las edificaciones españolas. Se percibe claramente en Cuzco una simbiosis entre las dos civilizaciones.

Seguimos callejeando y nos acercamos a Coricancha, el templo dedicado a Inti o Dios del sol. Se dice de él que una vez estuvo recubierto completamente de oro, se dice que vio pasear al inca y que también vio morir un imperio. En su lugar, los conquistadores construyeron  la iglesia de Santo Domingo, edificio que se conserva hasta la actualidad sustentado sobre los cimientos incas de lo que en su día fue el santuario más importante de todo el Perú. Disfruté mucho de la visita al recinto, pues gracias a las explicaciones de la guía pudimos completar el puzzle que habíamos comenzado en el valle sagrado y continuado en Machu Picchu.

Ahora llueve, diluvia, como si el paso del tiempo no lo olvidara, los antiguos incas lloran desde sus nubes de tormenta. Al salir nos hacemos con unos ponchos impermeables que no sirven de mucho pues regresamos empapados hasta los huesos a la plaza de armas.

Proseguimos ahora nuestro paseo por el barrio de San Blas, barrio típico de calles empedradas y acusadas cuestas. Allí se encuentran los restos más grandes de muros incas, entre ellos: la famosa piedra de los doce ángulos y el muro que aparece en la película “Diarios de motocicleta”, en la que un niño le habla a Ernesto Guevara sobre los constructores del muro. Uno es el muro de los incas dice, y el otro, el de los incapaces.

Muro de los incas y de los incapaces

Entre callejuelas y ensoñaciones va avanzando la tarde, nuestros amigos Iñaki, Nacho, Andrea y Jess tienen que partir hacia Arequipa. Tras una despedida un poco agitada nos decimos adiós, aquí se separan nuestros caminos después de una gran aventura juntos. No tengo más que palabras de agradecimiento por los buenos ratos vividos, estoy seguro de que en algún momento en algún otro lugar podremos rememorar, junto a una buena cerveza, aquellas impresionantes vistas desde Huayna Picchu.

Así pues, los que quedamos nos vamos a cenar a un Chifa, comida típica fusión de China y peruana. El sitio era bastante lamentable, aunque todo se quedara en anécdota. Para cerrar el largo día nos vamos a tomar unos buenos piscos a un bar de la plaza. Bailando, riendo y bebiendo nos dan las tantas, entre luchas de carneros y bailes de mineros. Mañana será otro día.

Viernes 6 de abril

Por la mañana despedida otra vez, esta vez Ana, a la que le esperan interminables horas de autobús hasta llegar a La Paz. Desayunamos, nos preparamos y salimos a la calle con muchas ganas. Ese día íbamos a montar a caballo por los alrededores de Cuzco. Eva nunca había montado a caballo, pero tras unos sustos iniciales todo fue sobre ruedas.

Vistas desde las colinas de Cuzco

Subimos y bajamos las colinas, acercándonos a ruinas, cerros y unas grutas que los incas utilizaban para esconderse. Nuestro intrépido guía nos metió por las madrigueras más madriguerosas del Perú, y tras reptar por túneles, salir por agujeros en el suelo y acabar más sucios que los niños del anuncio de Ariel, volvimos a los caballos para terminar el recorrido cerca de las ruinas de Sacsayhuaman.

La mañana fue super divertida, y entre risas y bromas regresamos a Cuzco para encontrarnos con Dani, Katya, Amaya y Alber, el grupo de venezolanos que habían estado visitando la ciudad antes de partir hacia Arequipa. Nos decidimos a comer en un sitio que nos había recomendado una pareja de Lima, y  creo que no me equivoco si digo que ha sido uno de los top ten de sitios donde he comido. No se si tenía más hambre que un camello o que realmente la sopa que me metí entre pecho y espalda era de otro mundo pero guardo un gran recuerdo de aquel lugar. Así pues, con la panza llena y las pocas ganas de caminar regresamos al hostal a descansar un rato.

Otra despedida, ahora le toca a la otra parte del grupo. Grandes personas para grandes viajes, con esa actitud da gusto embarcarse hacia cualquier lugar. Espero que Venezuela os trate bien.

Cena, cena, cena…. pero antes unas compras: jerseys de alpaca y algunos regalos para los que echamos de menos. Mientras subimos la cuesta de San Blas nos cruzamos con una procesión de semana santa, aquí la religión se muy vive intensamente. Curiosa la devoción que sienten estos pueblos, antes de entrar me parece oír el llanto de Pachamama mientras la gente pasea a los impostores sobre un altar. Como reflexión sobre el asunto es interesante leer sobre Atahualpa, al que los españoles capturaron y ejecutaron,  mientras el oro se escapaba en galeones a través de mares de tormentas y piratas.

La cena en el Cicciolina fue sublime, ostras, osobuco, y un postre. Un restaurante que en España sería prohibitivo, creo recordar que no llegamos a los 30$ por cabeza. Después paseamos un rato de vuelta al hostal, ese día me encuentro especialmente cansado. Entre cuevas, guerreros e historias de rendición me quedo dormido.

Creo que sueño con Lima.

 


Machu Picchu y Huayna Picchu

Miércoles 4 de abril:

Las 4:30am, suena el despertador, es hora de levantarse. A las 5 30am comienzan a salir los autobuses que suben a Machu Picchu. Todavía con legañas en los ojos, avanzamos aprisa por las calles desiertas de Aguas Calientes. Cuando llegamos a la parada vemos que no somos los únicos, una larga hilera de gente recorre toda la calle. Mientras compramos los billetes  empieza a llover, genial.

Cuando sale el autobús está casi amaneciendo. Seguimos la estrecha carretera de la orilla del rió que se interna en la selva y empieza a ascender serpenteando por la ladera hasta llegar a las ruinas de la ciudad perdida. Al llegar, la lluvia ha cesado, nos saluda la niebla. Teníamos el boleto para subir a Huayna Picchu hacia las 7am, pero decidimos alargarlo un poco y esperar una hora más para  tener así mas posibilidades de que la niebla despeje para cuando hayamos llegado a la cumbre.

Nos adentramos pues en la ciudad inca.

Machu Picchu entre la niebla

Durante algo mas de una hora recorremos las ruinas envueltas en la niebla, en silencio. Jamás podré borrar aquel primer recuerdo. Me pareció un lugar sobrecogedor, la bruma abrazaba los imponentes muros todavía húmedos por la lluvia,  la luz se filtraba entre la cortina de nubes y le otorgaba al lugar un aire místico, casi sobrenatural. Era emocionante descubrir una de las maravillas del mundo, deambulando a nuestro antojo sin apenas cruzarnos con nadie. La bruma era tan densa que nos impedía ver con claridad mas allá de unos metros, a pesar de estar en el centro de la ciudad no nos podíamos hacer una idea de como era todo el conjunto.

El paseo matinal por las ruinas me gusto muchísimo, fue como volver atrás en el tiempo y recuperar ese espíritu de aventura y exploración que tenemos cuando somos niños. Los goonies hubieran estado orgullosos.

A las 8am comenzamos el ascenso al Huayna Picchu.

La wikipedia resume la subida así:

“Un camino que parte del extremo norte de Machu Picchu atraviesa la estrecha lengua de tierra que conecta las montañas Machu y Huayna Picchu. Luego el camino se bifurca. El ramal derecho asciende a la cima. Su construcción debió ser ardua y en extremo peligrosa: Es un camino muy empinado, estrecho, que incluye varios tramos con escalinatas talladas en la roca viva al borde mismo en la pared vertical de roca.”

Yo humildemente la resumo así:

“Pa habernos matao!”

Una subida realmente preciosa, por la pared vertical de roca, durante 40 minutos. Cuando llegamos a la cima estamos exhaustos. Nos sentamos en un saliente a descansar mientras esperamos que la suerte nos sonría y se despeje la niebla. Esperamos y esperamos hasta que poco a poco, como si se fuera despertando, Machu Picchu fue apareciendo entre las nubes. Éstas se fueron levantando y la vista se torno impresionante. Las ruinas al fondo, como en una postal, a la derecha encajonado en el valle el río Urubamba, ruidoso y marrón.

Vistas desde Huayna Picchu

Dedicamos nuestro tiempo a contemplar las imponentes vistas, hacer fotos y frotarnos los ojos. Realmente uno de los momentos del viaje, unas vistas impresionantes. Tenía esa sensación de encontrarme en un sitio imponente, de sentirme pequeño, pero a la vez grande, de saber que por muchos lugares que visite el recuerdo de un sitio tan mágico permanecerá inalterable.

Sobre las 11am, crecidos por la ilusión y embriagados del espíritu aventurero que nos había poseído desde por la mañana, decidimos descender la otra cara de la montaña con intención de visitar la caverna o templo de la luna. Un descenso largo y sofocante entre la selva, que terminaba en una serie de cuevas y construcciones en la roca. Avanzaba la mañana, el sol comenzaba a apretar fuerte y para regresar teníamos que volver a ascender el camino hasta situarnos a la altura de Machu Picchu. Mucha humedad y mosquitos, el ascenso se nos hizo un poquito largo. Finalmente el sendero desembocó con el que habíamos tomado para ascender Huayna Picchu y conseguimos regresar a la entrada sin problemas.

Llevábamos casi siete horas sin parar de caminar, era hora de tomarse un descanso. Parada técnica para comer antes de iniciar la visita, ahora guiada, a Machu Picchu. Nuestra guía se llamaba Roxana, era una chica joven que se había ofrecido a guiarnos por la mañana. Nos ponemos en marcha, pero antes de comenzar la visita marcamos nuestros pasaportes con el sello de Machu Picchu, para de ahora en adelante fardar delante de amigos y conocidos ;).

Vista general de las ruinas con el Huayna Pichu al fondo

La visita duró alrededor de hora y media, en la que no paro en ningún momento de llover. El buen tiempo que nos había acompañado durante el día se esfumó en un abrir y cerrar de ojos y una lluvia constante nos persiguió durante toda la tarde. Empapados hasta los huesos recorrimos los entresijos de la ciudad atendiendo fascinados a las explicaciones.

Algunas notas al azar:

  • Machu Picchu fue abandonado por los incas para ir a la guerra o replegarse a la selva.
  • Lo que ahora son espacios de césped verde antes estaban llenos de plantas y flores, los incas eran grandes cultivadores y jardineros.
  • Los muros incas están construidos con una pequeña inclinación, para que en caso de terremoto las estructuras se colapsaran sobre si mismas y no dañaran nada de lo que había construido a su alrededor.
  • En Machu Picchu existe un sistema de canales mediante el que traer el agua desde lo alto de la montaña hasta las fuentes que se encuentran en la parte baja de la ciudad.
  • Los pueblos andinos en la actualidad poseen fuertes creencias heredadas de los incas, la Pachamama o madre tierra, era mencionada a menudo en las conversaciones con la gente local.

Cansados después de un día agotador regresamos a Aguas Calientes y nos fuimos directos a las termas que se encuentran a la vera del río. Allí pudimos disfrutar de unos baños calientes mientras nos tomábamos unos pisco sours, el broche y final a un gran día.

Valle sagrado de los incas

Seguimos con las crónicas del viaje 🙂

Lunes 2 de Abril:

Esa noche cogimos un bus desde Puno, que nos llevaría durante unas 8 horas hasta la antigua capital del imperio inca, Cuzco.

Martes 3 de Abril:

Llegamos a Cuzco sobre las 4:30am, como no teníamos hostal ni nada reservado para pasar esa noche, nos instalamos cual perroflautas en la estación y mientras  negociamos el tour que nos llevaría durante todo el día por el valle sagrado. Conseguimos que la operadora del tour nos dejara ir a un hotel a descansar y a “hacer tiempo” hasta las 8am hora en la que nos pasaba a buscar el autobús para iniciar las visitas de los diferentes puntos del valle.
Así pues, entre unas cosas y otras, comenzamos la mañana.

Llamas y alpaca

Tras ascender por las colinas e ir alejándonos poco a poco de Cuzco paramos en un mercado artesanal. Era el típico con puestecitos de artesanías indígenas, en los que vendían además todo tipo de vestimentas hechas con lana de alpaca. Después de unas cuantas compras y antes de subir al autobús vimos, por fin, nuestras primeras llamas. Entre ellas había también una alpaca. Las alpacas se diferencian de las llamas en que las primeras son mucho más bajitas, rechonchitas y mucho más peludas. Bromeando, y con alguna que otra confusión entre lo que es una llama y un cuy nos subimos al autobús camino de Pisac.

En el pueblo de Pisac nos detuvimos durante un rato para visitar (otro) mercado, éste bastante más extenso e interesante que el anterior. En él probamos la chicha o bebida sagrada, un zumo insípido de color rojizo hecho de un maíz negro que se cultiva en el valle. Ésta bebida era utilizada por los incas en diversas celebraciones y rituales como nos explicarían los guías más adelante. En el mercado tuve la oportunidad de sacarle fotos a una niña que nos explicaba el uso de los tintes naturales, tenía una mesa llena de pigmentos en los que mojaba un trapo empapado y nos enseñaba los diferentes colores que se utilizaban para teñir las telas y pintar.

Tintes y pigmentos naturales

Cuando acabamos de ver el mercado nos acercamos a las ruinas incas de la ciudad, un conjunto arqueológico que alberga el cementerio inca más grande de Perú. Las ruinas eran unas construcciones en lo alto de la montaña y terrazas y terrazas de cultivo que ocupaban casi toda la ladera. La peculiaridad de las terrazas de cultivo es que cada una poseía un microclima diferente, pudiendo cultivar y conseguir diferentes variedades de una misma planta. Como consecuencia de esto los Incas consiguieron cultivar una variedad inmensa de papas y de maíz a lo largo del valle. La vista desde las ruinas era espectacular, como casi todas las construcciones incas ésta se encontraba dominando el valle, en un punto estratégico desde el que controlar todo paso por el valle.

El  ojo de pez que compré  para el viaje dio mucho juego  🙂 y tras una divertida sesión de fotos proseguimos la marcha hacia Ollantaytambo, con una pequeña parada para comer.

Vista del valle desde Ollantaytambo

Ollantaytambo, uno de los últimos bastiones incas durante la conquista española, es la ciudad donde muchos aventureros inician el camino o ruta inca que durante cuatro días serpentea por las montañas siguiendo el curso del río Urubamba hasta llegar a Machu Picchu. Conquistado y reformado por el emperador inca Pachacutec, Ollantaytambo exhibe una de las fortalezas más impresionantes del imperio. Altos muros de piedra conforman una serie de edificaciones que en lo alto de la montaña dominan la confluencia de los dos valles y el río.

En sus días un sitio clave del imperio inca, destaca como ejemplo de la magnífica capacidad arquitectónica de esta civilización, el templo del sol, con sus inmensas moles de piedra talladas y traídas desde una cantera ubicada al otro lado del valle. Según nuestro guía para poder cruzar los inmensos bloques por el río los incas desviaban su trayectoria en un alarde de ingenio y sofisticación para la época.

Mientras va atardeciendo recorremos la historia inca a través de las ruinas de Ollantaytambo, me dejan pasmado los muros de piedra, perfecta, pulida, encajados milimétricamente, parecen de cartón-piedra, autenticas obras de ingeniería.

A las 9pm teníamos que coger el tren que nos llevaría de Ollantaytambo a Aguas Calientes, el pueblo-base de Machu Picchu. Mientras esperábamos nos tomamos unas cuantas cervecitas. El trayecto en tren lo pasé casi todo el rato durmiendo, el largo día pasaba factura.  La llegada a Aguas Calientes fue un poco a lo expresso de Howarts, todo el mundo salia a prisa del tren con sus mochilas, sabiendo que llegábamos a un sitio especial, ya cerca de la ciudad sagrada. Las estrellas brillaban en el cielo mientras recorríamos las calles de Aguas Calientes en busca de nuestro hostal.

Tras una cena en un restaurante típico nos vamos a la cama, estamos todos agotados después del largo día, y mañana tenemos que madrugar para ver la joya del viaje, Machu Picchu. A las 4 30am del día siguiente tocaban diana.

 

Puno y lago Titicaca

Relato de la segunda parte del viaje a Perú, retomamos donde lo dejamos!

Domingo 1 de abril:

A eso de las 4pm  nos juntamos en la estación  de autobuses de La Paz con Jessica (Chile), aumentando así nuestro variopinto grupo de españoles por el mundo. Tras los saludos y pagar unas tasas de estación iniciamos el camino a Puno.

Los autobuses en estos países son de otro nivel, no en serio, de otro nivel. Asientos gigantes, reclinables totalmente, con mantas, mitad asiento, mitad cama, idóneos para viajar durante las noches y aprovechar al máximo las actividades durante el día. Me río de los supra.

El trayecto nos llevaría unas 5 horas apróximadamente, en las que recorrimos el altiplano boliviano, atravesando la ciudad de El alto hacia la frontera con Perú. Recuerdo el paisaje como precioso, con llanuras interminables, montañas al fondo y los últimos rayos de sol iluminando de forma especial. Cuando por fin llegamos a la frontera era ya de noche y diluviaba.

Cruzando la frontera bajo la lluvia

Bajamos al control de pasaportes boliviano, sellamos, me metí en una habitación donde unos guardias interrogaban a un tipo sospechoso y le pedían la documentación, hola, adios, español, no sé como me escabullí.  Como en las películas, corrimos sobre el puente que unía los dos lados de la frontera, bajo la lluvía, hacia el lado peruano. Sello de Perú y vuelta al autobús calados hasta los huesos.

No recuerdo con exactitud la hora a la que llegamos a Puno, calculo que sobre las 9 y algo. Mi impresión de Puno a esa hora fue la de una ciudad-embarcadero, con construcciones a medio terminar, ciudad de paso. Al día siguiente corroboraría mi primera impresión, Puno es más bien feote y un poco amontonada, pero es ahí donde se encuentra el puerto más importante de Perú en el lago Titicaca.

Lunes 2 de abril

El tiempo nos acompañaba ese día, el taxista de la noche anterior nos aseguró no llovería, llevaba una semana lloviendo, sin embargo el del hostel decía que sólo había llovido un día. En cualquier caso efectivamente no llovió.
Nos levantamos sobre las 6am pues teníamos contratado un tour con una agencia que llevaría en barco a las islas de los Uros y a Taquile, lago Titicaca.

El puerto donde nos embarcamos estaba lleno de turistas (una de las fuentes de ingresos de Puno es el turismo que atrae sobre el lago Titicaca). El viaje a las islas de los Uros duró unos 20 minutos. Desembarcamos en una isla poco más grande que una cancha y media de baloncesto y nuestro guía comenzó una explicación sobre la historia y funcionamiento de estas peculiares construcciones.

Isla flotante de los Uros

Las islas de los Uros son un conjunto de islas “flotantes” localizadas en el interior del lago Titicaca, construidas utilizando la planta de la totora. La totora crece sólo en algunas partes del lago Titicaca y  es utilizada por la tribu pre-inca de los Uros (habitantes de las islas) para la construcción de las las plataformas flotantes y sus casas. En este aspetco, es interesante leer el enlace de la Wikipedia sobre la tribu y sus costumbres.

Tras una presentación de nuestro guía en la que probamos el sabor de la totora (la planta también se come), tuvimos tiempo de charlar con la gente de la isla y tomar unas fotografías. La mujer con la que tuve ocasión de hablar llevaba toda su vida habitando la isla, según me dijo había nacido allí, y sólo iba a Puno a buscar materiales o al mercado un par de veces a la semana como mucho. Los niños de las islas deben de asistir al a escuela, ubicada en una de las islas más grandes, para ello se desplazan en barcas de remo todos los días. Me llamó la atención una anciana, su madre, que vivía en la choza de al lado y tenía 96 años, también había pasado toda su vida en la isla. Así pues, aunque el turismo se haya instaurado de pleno en este lugar, las tradiciones se mantienen en la tribu, y sus costumbres se ven prácticamente inalteradas.

Grupo de niños se dirige a la escuela

A continuación embarcamos en el barquito que nos llevaría hasta Taquile, según nuestro guía, el lugar con los mejores tejedores del mundo porque en Taquile sólo tejen los hombres. Así pues, y tras 2:·30 h de navegación por el Titicaca llegamos a la isla. De tamaño considerable y empinadas colinas, Taquile parece menos afectada por el turismo que las islas de los Uros, su lejanía de la costa y su localización en el lago hace que no todos los visitantes que llegan al Titicaca vayan hasta allí.

Caminamos el trecho de isla que separa uno de los puertos con la plaza principal, y tras observar las impresionantes vistas del lago que nos ofrece la altura, nos dirigimos a comer a un “restaurante-casa” de una familia local. El menú muy sencillo pero muy sabroso, sopa de verduras, trucha y té de coca acompañado de una cusqueña.

Vistas de Puno al atardecer

El sol aprieta mientras regresamos al barco para emprender el camino de vuelta a Puno. Mientras navegamos las sombras van creciendo y los reflejos del lago desaparecen, cuando llegamos a Puno es casi de noche. Ese día teníamos que coger un autobus que nos llevaría a Cuzco, mientras hacemos tiempo damos un paseo por la calle principal y nos tomamos unos cuantos piscos. Recogemos las mochilas del hostel y nos vamos a la estación.

Espero que os haya gustado, próximamente Cuzco y el valle sagrado de los Incas.

Viaje a Sudamérica: Bolivia

Hola pandilla!

Hacía meses que no actualizaba el blog, tras algunos viajes por USA (NOLA, SF, Austin y Washington) y después del viaje por Bolivia y Perú me he animado a escribir otra vez  (A ver cuanto me duran las pilas).
Vamos al tema,  aquí está la crónica de lo acontecido esa semana.

Viaje: Bolivia – Perú (del 30 de marzo al 8 de abril)

Viernes 30 de marzo:

Nada más salir de trabajar, mis dos compis de viaje (Eva e Inés) y yo nos dirigimos nerviosos al aeropuerto de Miami. Pertrechados con nuestras mochilas camperas y nuestras ganas de aventuras nos embarcamos rumbo a La Paz con una escala de 2 horas en Bogotá. Era nuestra primera vez en Sudamérica, la primera vez que viajaba por debajo del ecuador, imaginaros, estaba como un guaje al que le acaban de regalar las “Joma” de Alfonso de aquellos años.

Despegue, aterrizaje, escala, despegue, aterrizaje, PAM! Llegamos a La Paz, bueno, más concretamente a El alto, una ciudad de más de un millón de habitantes que ha ido creciendo a las afueras de La Paz. Es un poco como el Bronx de la ciudad, sin ley ni orden, a más de 4000 metros de altura, es la segunda ciudad más alta del mundo.

La Paz ciudad se encuentra a 3650 metros sobre el nivel del mar, eso son muchos metros, el clima durante todo el año es clima de montaña, fresquete durante la noche, sol que quema durante el día.

Don Miguel, primero taxista y después “coqueador” nos esperaba mascando coca con un cartel que rezaba “iSex”. Nos subimos al carro. Hola, hola, palabras indescifrables, carrera en el taxi, hoja de coca. Conversando con el nos cuenta que en La Paz viven 20000 personas, dudamos por un momento y nos preguntamos donde se habrán metido el otro millón de habitantes que faltan,  seguimos conversando. Al llegar nos esperaban Iñaki y Rodri, nuestros anfitriones iSex en Bolivia.

Tras saludar a Andrea y a Nacho (iSex Brasil), una larga conversación, presentaciones y despedir a Rodri que se iba de viaje, nos metemos en la cama, todavía un poco aturdidos por el “mal de altura”. La sensación general del llamado “mal de altura” sería algo así como un coloque pasajero y falta de aire al hacer esfuerzos, pero por lo demás no tuvimos ningún problema durante todo el viaje.

Sábado 31 de marzo:

Tras levantarnos a una hora prudente, y desayunar unas salteñas (empanadillas rellenas de pollo o de res) comenzamos a patear La Paz.
Mis primeras impresiones fueron:

  • En los pasos de peatones no para ni el tato, repito, ni el tato, aunque te pongas delante siguen acelerando, ya puedes echar a correr para salvar tu vida, comprobado en persona 100%. Nunca lo había visto antes, siempre hay algún bondadoso que para o algún inocente que se asusta y frena en el último momento. En La Paz no.
  • Me resultó una ciudad tranquila y muy agradable, a diferencia de otras ciudades latinoamericanas en las que he estado nunca tuve sensación de peligro o de incomodidad. Llevaba la cámara suelta en todo momento. Rizando el rizo, La Paz muy pacífica 😀
  • El mercado con todos sus colores, su colección de mejunges, llamas, polvos de amor y todo lo inimaginable es dignísimo de ver. Así como la gente con sus trajes típicos y las cholitas con sus sombreros de copa-bombín.

Nos dirigimos colina arriba hacia los mercados, pues era sábado, y todos los puestos estaban en ebullición. Las calles son temáticas segun lo que cada puesto vende, así pasamos por la calle de las herramientas, la calle de las ropas de montaña, la zona de comida en la que se venden todo tipo de hortalizas, papas y pescado (bueno, trucha, el único pescado de Bolivia es la trucha).

A medida que caminamos atraen nuestra atención las llamas disecadas que cuelgan de algunos escaparates, fetos de llama, en Bolivia se dice que da buena suerte enterrar un feto de este animal antes de comenzar la construcción de una casa. Le preguntamos al tendero por ellas, “son todo abortos naturales, garantizado”, (NOTA: los bolivianos aunque no tengan ni p*** idea siempre responden a una pregunta, ellos se tiran a la piscina. Véase Don Miguel y sus 20.000 habitantes). Le preguntamos a continuación por el peyote que tiene en la entrada. Nos cuenta que se utiliza para realizar un viaje espiritual en el que encontrarse a uno mismo, conectar con la tierra y diversas cosas más, lástima que no tengamos tiempo de probarlo.

Tras unas compras típicas y un montón de fotos nos detenemos para comer y probar la carne de llama. Mi impresión fue la de que tiene sabor a ternera aunque un poco más fuerte. La comida se hizo a ritmo boliviano, cuatro horas para traer cada bebida y cada plato, supongo que uno se acostumbra al ritmo y baila con ello.

A eso de las 5pm pasamos a recoger a Ana (iSex México) que se incorporaba a nuestro viaje, nos cambiamos, descansamos un poquito y nos vamos en taxi hacia el centro de La Paz, la plaza de armas.
Tomando cervezas, licores café y unas pizzas se nos pasa gran parte de la noche antes de movernos a un local donde pinchaba un amigo de Iñaki, la noche se va animando, y acabamos dándolo todo en el Rockola, garito con música de los 80, con pista de baile y animador con micrófono que dio mucho juego durante el resto de la noche.

Domingo 1 de abril:

Resaca y altura,mal, mal. Para curarnos, decidimos ir al valle de la luna y aprovechar la mañana antes de encontrarnos con Jessica (Chile) y coger a media tarde el bus que nos llevaría hacia Puno, a la orilla del Titicaca, ya en Perú.
El valle de la luna es un conjunto de formaciones rocosas que se encuentra a las afueras de La Paz, las rocas han sido erosionadas con el tiempo y han adquirido un aspecto característico en forma de conos, agujeros, curvas enrevesadas y estalagmitas que lo hacen bastante pintoresco. Recorremos el camino marcado por el valle bajo un sol abrasador y tras negociar una carrera los 7 en un taxi (maletero incluído) volvemos a La Paz a comer algo rápido antes de coger nuestro autobús hacia Perú.

Próximo capítulo:  Titicaca

Universal Studios

Hace unas semanas y coincidiendo con la visita del club cobras a Miami, aproveché un fin de semana para visitar Universal Studios (Orlando).

Universal está a poco más de cuatro horas de Miami, bastante a mano para pasar un divertido fin de semana y disfrutar de los parques temáticos, en este caso, el mundo de las películas de cuando eramos pequeños (y no tan pequeños).

Simpsons

El road-trip no pudo comenzar mejor cuando el hotel que teníamos reservado nos ofreció una suite con dos habitaciones, camas super gigantes, y un salón. Después haber ido los seis un poco apretados en el coche obtuvimos nuestra recompensa. A pesar de la decepción cobra por no poder compartir camas.

El primer día visitamos el parque de Universal, el primero que se construyó a principios de los noventa, y que, a pesar de tener alguna que otra atracción un poco desfasada sigue conservando el encanto y los efectos especiales necesarios para sorprender al visitante.
E.T, Los Simpsons, Tiburón, y un largo etcetera. Películas míticas en forma de atracciones. Nos vimos todo el parque en menos de lo que pensábamos, incluso nos dió tiempo a visitar parte del siguiente parque por la noche.

Esa misma noche visitamos Adventure Island, el parque hermano del original, en el que se encuentran atracciones de las películas y personajes más actuales. Iluminados por los focos nocturnos probamos la montaña rusa de Hulk, y visitamos el mundo de Harry Potter, recreado a la perfección tal y como se muestra en las peliculas. El castillo de Howarts, Hogsmeade, la tienda de varítas, las tiendas de articulos de broma, cada detalle está cuidado al máximo, fue como estar dentro de la peli; sólo nos faltó la túnica y la varita mágica.

Jurassic Park & Harry Potter

El segundo día lo dedicamos entero a recorrer Adventure Island. Pasamos por la zona de los superheroes para repetir Hulk, alucinar con la atracción de Spiderman y correr como guajes hacia la entrada de parque jurásico (No sin antes hacernos la foto de rigor con nuestro mentor y guía espiritual, “El hombre del mazo” aka Thor). Parque jurásico está realmente logrado, la misma puerta de entrada, la música, los coches y las replicas de los dinosaurios.
Tras subirnos en la atracción, y como estábamos empapados, nos dirigimos a los troncos locos y a los clásicos rápidos. Después de una mojadura brutal y un principio de hipotermia nos dirigimos a repetir Harry Potter con un poco más de calma.

Por la tarde, cuando ya volvíamos hacia el coche me secuestraron y me hicieron subir en los troncos otra vez, me convertí en Aquaman durante la media hora siguiente, de arriba a abajo empapado. Finalmente regresamos al coche para poner rumbo de vuelta a Miami.

Un finde intenso y muy muy divertido en el que revivimos muchas de las películas de nuestra infancia.
¿Próximo road-trip en Florida?  Who knows? Maybe St Augustine. Pero antes en Febrero nos espera Mardi Gras.

Guatemala: Antigua y Atitlán

El pasado puente de diciembre aproveché para hacerle una pequeña visita al señor Javi Guate. Me acompañaba en la aventura Mr. Ricardo Pita, el relato de lo acontecido empieza así:

Aterrizamos en Guatemala por la noche, bastante cansados por el viaje y el día de oficina. Tras pasar el control de seguridad y responder las preguntas de un agente con metralleta, salimos a la calle. Entre la multitud asomaban las cabezas de Javi y Vigo Mortensen (sueco de nacimiento que tras pasar por diferentes lugares había decidido irse a Guatemala hacía un tiempo). Nada más saludarnos nos ofrecen una cerveza (empieza bien el viaje), nos montamos en el carro y conducimos de noche hasta Antigua. Mi primera impresión de Guatemala capital es que es un caos, gente por todos los sitios y muchos, muchísimos carros. Conduciendo hacia Antigua, nos damos cuenta de que las carreteras los caminos en Guatemala son bastante malos, están llenos de agujeros sorpresa, muchos cortados por desprendimientos, y están poblados por gente que los transita a todas horas.

Tras llegar a Antigua y dejar nuestras cosas en el hostal, nos dirigimos a tomar unas cervezas y disfrutar del ambiente local (de local tuvo más bien poco porque fuimos a dar con el único bar que estaba lleno de gringos). Aún así lo pasamos muy bien, conseguimos regresar de vuelta al hostal y trepar las literas de tres metros sin precipitarnos al vacío. Amanecimos al día siguiente sin zapatos bastante temprano, pues queríamos aprovechar la mañana para patear Antigua y aprovechar el calor del sol, que como ya os explicaré, en Guatemala luce de una forma especial.
mercadoUn buen desayuno con café y frijoles para despertarnos y salimos a la calle. Lo primero que llama mi atención es el volcán de agua, que se alza imponente dominando por completo la ciudad. Un poco más alejados, el volcán de fuego y el Acatenango cierran el conjunto de colinas y montañas que rodean Antigua. Sin duda una vista impresionante para comenzar el día.

Decidimos deambular por las calles y hacer un poco de tiempo mientras esperábamos por Marta y Héctor, becarios de Honduras y El Salvador que se unían a nuestra expedición.

Recorrimos la plaza central, abarrotada de gente vendiendo cosas, y nos metimos en un mercado de artesanía del que ahora me arrepiento no haberme llevado un montón de cosas. Por fin nos reunimos todo el equipo, y vamos a comer a un restaurante con un jardin-patio interior. Allí probé el pepián, caldo típico guatemalteco con trozos de pollo especiados y verduras. Acompañamos la comida con unas  Mozas, cerveza local de un color más oscuro que la cerveza Gallo que es la que más se consume en el país.

Tras la comida fuimos a coger el carro para subir a lo alto del cerro desde el que se pueden ver las vistas de la ciudad. El cerro se encuentra en el lado opuesto al volcán del agua, la vista de la ciudad dominada por el volcán al fondo, acompañada de una bonita puesta de sol fue impresionante. Celebramos el momento con una cerveza y un brindis, comenzaba nuestra aventura chapina.cerro antigua

Descendimos del cerro con luces largas y seguros cerrados (en Guate hay que tomar precauciones cuando se viaja por la noche). Descansamos un poco en el hostal y fuimos a dar una vuelta. Antigua se llena de gente que viene de Guatemala, a pasar las noches de los viernes y los sábados. Cenamos y continuamos la fiesta hasta que cerraron los bares, hora de descansar, aunque alguno prosiguió la noche al estilo chapín, fiesta en un after.

Amanecimos, desayunamos nuestros frijolitos, y tras esperar un rato a los dormilones, salimos hacia el lago Atitlán. Nuestra intención era llegar hasta Chichicastenango, pues los domingos hay un mercado famoso en todas las guías de Guatemala, pero se nos había hecho un poco tarde y decidimos, muy a pesar de Marta seguir camino hacia el lago para intentar aprovechar allí parte de la tarde.
Me llamó la atención cuando paramos en una gasolinera, había un chapín armado con una pistola y una escopeta, el tío muy amable se dejo fotografiar e incluso nos dejó coger la escopeta. A partir de entonces me daría cuenta de que todo comercio que se precie en Guate está protegido por gente a sueldo; barra libre de escopetas y metralletas!

Antes de llegar hicimos una parada en Sololá, el último pueblo antes de descender camino del lago Atitlán. El lugar estaba animado, había mercado en la plaza central y las calles estaban abarrotadas de gente. Un colegio hacía su particular desfile de “carnaval”, y disfrutamos la comida observando el espectáculo.

Llegamos a Panajachel, la primera ciudad desde la que se aborda el lago viniendo de Antigua. Como todas las ciudades del lago, Panajachel vive del turismo, puestos de ropa, telas y antigüedades mayas por todas las esquinas. Mientras paseábamos por el pueblo se nos unió un chupín llamado Xuan, que como nos pasaría en todos los sitios, nos ofrecía enseñarnos todo lo inimaginable de Guatemala por cualquier precio. En Pana compramos unos sombreros y algunas camisas típicas, para (por si no se había notado) dar un poco el cante a lo turista.

Ya sin entretenernos más, y tras darle una propina a Xuan nos dirigimos a coger nuestra barca para cruzar el lago, hacia San Pedro de la Laguna, pueblecito en el que pasaríamos las dos noches siguientes.

cruzando el lago

El lago Atitlán es realmente grande, ninguna foto de las que hice puede describir lo que íbamos viendo aquella tarde cruzando el lago. Los últimos rayos de luz iluminaban las laderas de las montañas que lo rodeaban, mientras nosotros perseguíamos al sol, que se ponía por detrás del volcán San Pedro. Una escena inigualable que se repetía día tras día en aquel lugar. Espíritu maya.

Tras desembarcar en San Pedro fuimos a buscar un sitio donde pasar las dos noches que nos quedaban. Encontramos un hostel que conocía Javi, casi al final del pueblo. Un lujazo de sitio, con un jacuzzi que no dudamos en estrenar la primera noche antes de salir. Jacuzzi, cervezas, el cielo estrellado sobre nuestras cabezas y las silueta del lago que se vislumbraba en la penumbra. Top ten de momentos.
Nuestra primera noche en San Pedro fue bastante tranquila. Durante la cena, unos niños que no tendrían más de diez años se acercaron a vendernos palomitas, al final acabaron sentándose con nosotros a cenar lo que les dimos, como si no hubieran comido en todo el día. La realidad que se vive en estos lugares nos hace ver la suerte que tenemos de estar donde estamos, y poder hacer lo que queremos.
Con el corazón ablandado por la escena y muertos de frío, nos fuimos a tomar algo al único bar que abría en el pueblo. Después de que una amable maya me tirara una copa por encima, y alguna que otra cerveza, recogimos y nos fuimos a la cama.

El lunes amanecimos temprano, desayunamos en la terraza junto al lago y reservamos una barca para que nos llevara a visitar los diferentes pueblos que lo rodean.

Nuestra primera parada fue Santiago de Atitlán. Podría decirse que Santiago es la capital ribereña, es la ciudad más grande y la más poblada. Nada más desembarcar nos encontramos con Xuan, otro chupín que había conocido Javi en su anterior visita al lago. El chaval tendría diez años, y nos hizo de guía durante el tiempo que estuvimos en la ciudad. Nos llevó a ver la catedral, en cuyas paredes se agolpaban filas de santos vestidos con ropas y sobreros que les llevaba la gente. Era bastante gracioso ver un montón de figuras adornadas con vestidos tipo “Homer gordo” y sombreros extravagantes.

Después, nos dirigimos a ver a Maximón, patrón de Santiago. Para visitar la figura del santo hay que ir acompañado de alguien local, pues sólo ellos saben donde se encuentra. El santo cambia de manos cada año entre la gente del pueblo, y éste año estaba en la casa de un amigo del alcalde, una favela perdida de la mano de dios a la que conseguimos llegar gracias a Xuan.caminando hacia maximon
El momento Maximón fue una mezcla de surrealismo, programa de APM y gracia. El santo se encontraba en una habitación custodiado por tres chupines, a cada cual más ebrio, vestido con ropajes, un pintoresco sombrero, y con un cigarrillo en la boca. Les preguntamos acerca del cigarrillo, el chapín nos dijo que casi siempre tenía que estar fumando, y que el se encargaba de cambiarle el cigarro por otro cuando este se consumía. Inmediatamente me hice Maximoniano.
Como buenos Maximonistas que eramos, compramos una botella de cerveza para hacerle una ofrenda (aquí la gente le ofrece alcohol o tabaco, que luego consumen los que custodian a Maximón). Haciendo el espectáculo le dieron de beber un poco de la cerveza que habíamos comprado, y tras derramar un poco por el suelo en su honor brindamos por Maximón.

Tras la escena, que a mí me pareció divertidísima, nos dirigimos otra vez al muelle, para embarcarnos rumbo a Santa Catalina, otro de los pueblecitos del lago.

Nos despedimos de Xuan, cuyo único sueño según nos contó, era permanecer en Santiago e ir a ver un partido del Real Madrid, y tras darle una merecida propina nos dirigimos rumbo a Santa Catalina, no sin antes hacer una parada en medio del lago para darnos un buen chapuzón.

Sobrevivimos al baño en el abismal lago, (según los chapines no se sabe su profundidad) y atracamos en Santa Catalina.

Santa Catalina me pareció sin duda el pueblo más pobre del lago, se parecía bien poco a San Pedro y Santiago, las construcciones eran mucho más pobres (si cabe) y mi impresión personal es que parecía el más abandonado y destartalado de lo que habíamos visto hasta ahora.
Paseamos un rato mientras los niños se acercaban a vendernos pulseritas y telas. Después de comprar unos cocos en la calle, acabamos regalándoselos a los chapines que muy agradecidos no paraban de seguirnos.
Hora de comer, nos acercamos al único “restaurante” sitio del pueblo, donde compramos unos cuantos perros pollos con arroz y nos los llevamos a la barca para no perder tiempo y volar hacia el siguiente pueblo.

Reflexión breve:
a) Estoy convencido de que aquello era perro.
b) Santa Catalina fue el pueblo que más me impresionó.

mirador san juanNuestra siguiente parada era San Juan, pues decían era el pueblo más bonito de todo el lago. Algo de diferente tenía respecto al resto, y es que San Juan se encuentra enclavado en medio del bosque, y esto le confiere un aspecto más selvático y salvaje que a los demás.
Recorrimos el poblado de arriba a abajo, seguidos, como ya era habitual, por una marabunta de niños pidiéndonos quetzales y dándonos temas de conversación. De la que íbamos hacia las afueras de San Juan nos encontramos a un chupín vendiendo un didgeridoo. Nuestro anfitrión Javi, como buen músico, no pudo resistir la tentación de comprarlo.
Mientras el didgeridoo pasaba de mano en mano y de boca a boca por todos los niños del pueblo, ascendimos un trozo de colina para admirar la vista del atardecer en el mirador. Aquí hubo un momento en el que temimos por la vida de Javi, (o la de los niños) cuando se descolgó del grupo cual gacela herida y los niños quisieron coserle a pedradas por no darles dinero. Tras la pequeña anécdota fuimos a la roca-trampolín para pegarnos que los más valientes se pegaran un baño en el lago.
Como buen jugador de equipo yo me encargué de hacer las fotos pertinentes, mientras, y tras muchas dudas y amagos, Héctor, Javi, Marta y Ricardo saltaban al vacío desde seis metros. El resto mirábamos mientras a alguno le temblaban las piernas y casi le da un marichalazo.

Después del intenso día regrasamos a San Pedro, a pasar nuestra última noche en el lago. Volvimos al mismo bar de la noche anterior, y tras unas conversaciones interesantes y bebernos alguna que otra hormiga, terminamos la noche.

El último día (Martes) cogimos una barca a toda prisa por la mañana, nos subimos en el coche muertos de frío y manejamos conducimos hasta Guatemala para coger nuestro avión de vuelta a la realidad.
Aquí se separaban nuestros caminos, Javi se quedaba en Guate y Héctor y Marta continuaban su viaje hacia las ruinas de Tikal aquella misma noche. Así pues, tras las despedidas oportunas y pasar más de seis horas tirados en el aeropuerto de Guate conseguimos regresar a Miami con la sensación de haber visto un país espectacularmente bonito y lleno de contrastes.
Sin duda uno de los viajes más bonitos e intensos que he hecho. Ojalá que remonte su vuelo!!

PD: Gracias a Javi, Héctor y Marta por acogernos y acompañarnos en esta aventura! Os esperamos en Miami.
Y gracias al guatemóvil que nos llevó sanos y salvos por los circuitos del mario kart las peligrosas carreteras Guatemaltecas.

México DF

Primer viaje de la temporada México DF, entrada larga, éste es el breve diario de lo acontecido en tierras de Zapata.

Miércoles:
Era de noche cuando nuestro avión aterrizó en el aeropuerto, pocos turistas y muchos mexicanos nos acompañaban en nuestra aventura. Frío, aunque al salir de Miami casi cualquier cosa nos parece frío. Tras una llegada tardía a la mexicana de nuestras anfitrionas María y Ana, nos montamos en un taxi hacia Polanco.
Soltamos las bolsas y nos dirigimos hacia Condesa, uno de los barrios con más ambiente de la ciudad. A partir de aquí comienza el show que se resume en:

Tacos, enchiladas, cervezas, cervezas, copas, tequila para mujeres (esto lo aclararé en otra ocasión con algunas fotos) y fiesta en bar con música cubana/mexicana creo recordar. Siguiendo el espíritu que nos caracteriza, primera noche como si no hubiera un mañana.

Jueves:
Nada más levantarme descubro que en México es una hora menos, no había cambiado el reloj, el despertador me había troleado sonado demasiado pronto. Ducha, ibuprofeno y a la calle. Hacemos una pequeña visita a la oficina, nuestra impresión es que nuestros compadres mexicanos no viven tan mal 😛

Mientras esperamos la llegada a la mexicana de Pita e Inés, Eva y yo decidimos desayunar cerca de la oficina. Enseguida me doy cuenta de que los mexicanos son super amables, algo que notaríamos durante todo el viaje.
zocalo mexico df

Taxi, cruzamos el paseo de la reforma (alguno más muerto que vivo) y llegamos al zócalo. El zócalo es una plaza, al uso de las plazas mayores españolas, pero mucho más grande. El centro de la plaza está casi siempre ocupado; conciertos y manifestaciones copan lo que es un centro de actos culturales para la ciudad. Mientras nos hacemos unas fotos avanzamos hacia el Palacio Nacional, pocos turistas, la gente nos mira (sería la tónica de nuestra visita durante el viaje).

El Palacio me pareció bonito, quizá no tan espectacular como yo pensaba,  destacan los murales de Diego Rivera que muestran la historia de México y gran parte de su ideología política. La cruda resaca empezaba a afectar y como decimos los asturianos, “había un poco de fame”, así que fuimos a comer a un restaurante que nos recomendó el taxista de por la mañana.

Gusanos blancos“El Cardenal” era un restaurante de categoría, (de varios tenedores mexicanos por lo menos, aunque éstos sean de madera). Nada mejor que una cerveza y unos gusanos churruscados,  de los que se comían Timón y Pumba de los gordotes para rematar una buena mañana.

Por la tarde dimos una vuelta por el palacio de bellas artes, esquivando limpiabotas (aunque sin mucha suerte, pues continuamos con los zapatos relucientes), rumbo a la plaza Garibaldi intento 1.

Frustrado nuestro intento, nos quedamos en una terraza tomando algo mientras nos decidimos volver al barrio de Condesa a tomarnos unos margaritas. Valientes nosotros, compramos una botella entera de tequila que nunca conseguimos terminar. (Momento reflexión: me llamó la atención la diferencia social que existe en México, coches lujosos, gente con dinero y en la misma escena un niño que pide limosna o lava los coches por unos cuantos pesos). Dicho esto, un “rapacín” se nos acercó a la mesa para contarnos unos chistes a cambio de algunos pesos. Accedimos a escucharle, mereció la pena sólo por uno que me hizo reír a carcajadas.

Algo cansados del tequila y de la salida nocturna del día anterior, declinamos la invitación de Antonio para ir a un festival de cine español y nos fuimos a casa. Allí compartimos cervezas y divertidas conversaciones conspiranoicas con Raquel, la compañera de piso de María.

Casa de Frida

Viernes
El viernes decidimos coger un bus turístico que nos llevaba por otra parte de la ciudad, concretamente a Coyoacán, un barrio que por lo que pudimos comprobar está lleno de vida. Pero antes de llegar, el autobús nos paseó durante un par de horas por la avenida de los insurgentes (según el autobús hablante, la avenida más larga del mundo), la zona universitaria y diversos barrios de cuyos nombres no puedo acordarme.

En Coyoacán  decidimos visitar la casa de Frida Kahlo, lugar en el que vivió con Diego Rivera durante gran parte de su vida. La casa alberga una colección de pinturas y obras de la artista, así como de esculturas diseñadas por el mismo Quico Rivera. La casa no me emocionó demasiado, me recordaba lejanamente a la casa de Cesar Manrique en Lanzarote, y no pude evitar las comparaciones en las que Frida y Diego salían perdiendo.

Nos alejamos de la casa de Aznar Frida de vuelta al centro de Coyoacán, pasando por el mercado. El mercado bullía de gente, y en su interior se amontaban tiendas de ropas, telas y comidas. En él, los locales disfrutaban de sus cervezas y sus tacos entre los puestos rodeados de colores. Me apeteció bastante lanzarme a por algo de comer y, desafiar así, a la venganza de Moctezuma, pues me había ignorado completamente durante todo el viaje. Vi que mi idea no causó mucha sensación, así pues decidimos ir a comer a un restaurante del que nos habían hablado bastante bien en la oficina de turismo. Mientras abandonábamos el mercado me llevé una tremenda sorpresa, había un pasillo entero lleno de piñatas gigantes. Piñatas de todos los tipos, formas y colores. De niño hubiera querido comprármelas todas, aunque ahora me hubiera comprado sólo la de Bob Esponja, aunque creo que no me cabía en la maleta.

Mariachis

Después de comer regresamos a casa, no sin antes esperar una divertida hora por nuestro taxi. Ducha rápida y rumbo a la plaza Garibaldi, con nuestros anfitriones a disfrutar con los mariachis. El resumen mariachi de la noche sería algo así:

Cerveza, cerveza, copas, descarga eléctrica, mexicanos, el rey, descarga eléctrica, tequila, el rey, aparición estelar de Karl Lagerfeld, más tequila, no quedan copas, el rey se va a la cama.

Sábado
Vamos al asalto de las Pirámides de Teotihuacan. Nos dirigimos primero a la estación de autobuses, para ello utilizamos el metro. Precios populares, tres pesos un billete, un dólar son catorce pesos, echar cuentas.

Dato objetivo: El metro de México DF es la mayor cantera de DJs del mundo, dicen que Carlos Jean salió de aquí, con su mochila-altavoz a la espalda y su compact-disc, pinchando los mejores éxitos de los 80, 90 o los grandes recopilatorios de rancheras. Yo que siempre tuve algo de mexicano me decanté por las rancheras, ¿diez pesos 140 canciones de grupos mexicanos desconocidos? clarísimamente no puede ser bueno un chollo, ya os contaré que tal.

Piramides

Tras otra llegada a la mexicana del grupo nos subimos en el autobús, una hora por carretera hasta llegar a las pirámides. México DF es interminable, me pareció no parar de ver casas y casas, y barriadas y barriadas, y mexicanos y cactus y mexicanos. Al llegar a las pirámides contratamos un guía, no sin antes negociar y rumanearle regatearle un poco el precio (cuando uno pasa más de un día en México no se mexicaniza, se rumaniza y regatea todo lo que esté en su mano). 450 pesos por todo el día, deal.

Antes de ir al meollo de la piramización, nos llevaron a una clase de bricomanía sobre plantas. Los aztecas utilizaban una planta llamada “maguey” para casi cualquier cosa. De ella hacían licor, obtenían pergaminos para escribir, preservativos para que no hubiera más aztequitas de la cuenta y hasta una aguja para coser! Impresionado, pensé que los aztecas eran unos tíos muy listos, algo así como los Macgyver del milenio pasado. Finalizada la lección nos dieron a probar el licor extraído de la planta y un chupito de mezcal para entonar el cuerpo antes de escalar las gigantescas bases.

TeotihuacanLas pirámides bases me parecieron impresionantes, quizás porque nunca había visitado unas, pero me fascinó como los antiguos eran capaces de construir monstruosidades como aquellas, la poción mágica de Panoramix cobraba sentido ahora.
La ciudad estaba presidida por dos pirámides principales, la de la luna y la del sol. Os remito a la wikipedia que seguramente os lo explicará mejor y contará muchas menos mentiras que yo. Teotihuacan.

Tras comprar algunos recuerdos super útiles, nos dirigimos a comer a un restaurante cercano. Durante toda la comida estuve charlando con nuestro guía: fútbol, pirámides, corrupción, narcos, y más fútbol. Un tipo simpático que supo hacer muy agradable nuestra visita.

Cansados de subir y bajar escaleras, nos dirigimos de vuelta al DF, cuando a medio camino nos para la policía para hacernos un control. Los hombres fuera del autobús, manos arriba y cacheo, todo mientras un niño nos intenta vender chicles y golosinas. This is México mai friend!!!
Agotados llegamos a la ciudad preparados para reventar nuestra última noche en la capital azteca.

Como estábamos algo cansados, optamos por hacer cena IC3x familiar en casa de Ana y Antonio. Gran tortilla de patata y elaborada ensalada nos metieron en cintura para empezar con buen pie la noche. Taxi. Nos dirigimos al imperial, un “antro” en el que gastar nuestros últimos pesos y echar los últimos bailes. Tras negociar nuestra entrada con el hombre de la puerta mi noche se resume en:

Cerveza, cerveza, escaleras abajo, salgo afuera, se va la luz, estoy fuera, sigue sin haber luz, la gente se va, no me dejan entrar, digo que tengo una botella sin pagar, me dejan entrar, cerveza, nachos con queso, nachos vegas, cerveza, taxi, muerte por catarro.

Taxi aprisa hacia el aeropuerto, maletas y sombrero mexicano. Despegue, aterrizaje. Pum!, vuelta en Miami.

Sin duda un primer viaje irrepetible, me encantó México y me he quedado con ganas de conocer otras partes del país, quien sabe…

Gracias a toda la familia del DF por acogernos y tratarnos tan bien. María, Ana y Antonio os esperamos en Miami.

Próxima parada…Guatemala.

Saludos compadres!